Si Dios te da un hijo, dale infinitas gracias, pero reconoce tu responsabilidad por ese hijo que te confía, porque en adelante tú serás para ese niño, la imagen de ídolo.
Nadie dijo que ser un buen padre era fácil. Sin importar la edad de tu hijo, debes saber que el trabajo de un padre nunca termina.
Como buen padre debes ser comprensivo con las necesidades de tu hijo, sin mostrar debilidad.
Debes estar presente en el momento en que tu hijo te requiere, escucharlo, saber impartir disciplina y el buen ejemplo.
Has que hasta los diez años te quiera, hasta los veinte te admire y hasta la muerte te respete.
Hasta los diez años sé su maestro; hasta los veinte su padre; hasta la muerte su amigo.
Para enseñarlo a amar, demuéstrale que tú amas a tus semejantes, y que todo en la vida tiene algo de hermoso.
Para enseñarlo a respetar, demuéstrale que respetas a tu esposa, a tus hijos y a ti mismo.
Para que sepa luchar no lo critiques delante de nadie; dale tu apoyo para aceptar el fracaso, y tu entusiasmo para volver a luchar.
Enséñale primero buenos principios, y después bellas maneras. Que te deba una doctrina esclarecida, mejor que una frívola elegancia.
Tu imagen paterna, se construye en la mente de tu hijo, no solamente como el personaje idealizado de un ídolo y el apego que le aportas con tu presencia en el hogar a su sostén emocional y se articula con la futura disposición de tu hijo a adoptar actitudes de cooperación mientras que tu ausencia creará actitudes de conflicto.
Tu figura de padre, aportará a tu hijo protección pues el se sentirá protegido por ti. Aprenderá y comenzará a desarrollar adecuadas y normales conductas, ninguna de ellas conflictivas.
Entonces podrás sentir plena felicidad por la vivencia de la paternidad responsable.
Así podrás exclamar: " He sido un verdadero padre para mis hijos" . Y tus hijos, aprenderán a tener fe en Dios.
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