viernes, 6 de diciembre de 2019
DEJA DE CULPAR A LOS DEMÁS.
Cuando algo no está a la altura de nuestras expectativas, somos muchos los que funcionamos según la suposición de que " ante la duda, tiene que ser culpa de algún otro". Si no encuentras algo, es por cuanto alguien tiene que haberlo cambiado de sitio; si el vehículo no funciona bien, es que el mecánico tiene que haberlo reparado mal; si tus gastos exceden tus ingresos, es que seguramente tu cónyuge está gastando demasiado; si la casa está desordenada, sin duda es porque tú eres la única persona que cumple con su parte; si un proyecto se retrasa, es porque tus colegas del trabajo están incumpliendo sus deberes.... y la lista continúa. Este tipo de pensamiento acusador se ha vuelto extremadamente común en nuestra cultura. En el plano personal, nos ha llevado a creer que nunca somos responsables por completo de nuestros actos, problemas o felicidad. En el plano social, ha llevado a demandas legales frívolas o excusas ridículas que sacan a los culpables del apuro. Cuando tenemos el hábito de culpar a otros, culpamos a los demás de nuestro enojo, frustración, depresión, estrés e infelicidad. En términos de felicidad personal, no podemos de ningún modo ser personas plácidas, si al mismo tiempo culpamos a los demás. Indudablemente, existen ocasiones en que otras personas y/o circunstancias contribuyen a crear nuestros problemas, pero somos nosotros quieres debemos estar a la altura y hacernos responsables de nuestra propia felicidad. Las circunstancias no hacen a la persona, sino que la ponen de manifiesto. A modo de experimento, fíjate en lo que sucede cuando dejas de culpar a otros por todas y cada una de las cosas de tu vida. Esto no significa que no hagas a la gente responsable de sus actos, sino que te haces tú mismo responsable de tu propia felicidad y de las reacciones que tienes ante las otras personas y las circunstancias que te rodean. Cuando la casa esté desordenada, en lugar de suponer que tú eres la única persona que cumple con su parte, ! límpiala !. Cuando te pases de presupuesto, mira en qué puedes gastar menos dinero. Lo más importante: cuando te sientas infeliz, recuerda que el único que puede hacerte feliz eres tú mismo. Culpar a los demás requiere una enorme cantidad de energía mental. Es una actitud destructiva que provoca estrés y malestar. Culpabilizar a otros te hace sentir impotente respecto a tu propia vida, porque tu felicidad depende de las acciones y comportamiento de otros, cosas que tú no puedes controlar. Cuando dejas de culpar a otros, recuperarás de alguna forma las riendas de tu vida. Sabrás que eres perfectamente capaz de tomar tus propias decisiones, que cuando te alteras, estás jugando un papel clave en la reacción de tus propios sentimientos. Esto significa también que puedes desempeñar un papel clave en la creación de sentimientos nuevos y más positivos. La vida resulta muchísimo más divertida y fácil de manejar cuando dejas de culpar a los demás. ¿Cuántos vivimos culpando a otros de nuestra desdicha y fracasos; a nuestros padres por no haber estudiado y a la vida misma por no habernos dado lo que nosotros esperábamos? No pierdas tiempo quejándote, culpando a otros, o, incluso, culpándote a ti mismo. En lugar de frustrarte, deprimirte y sentirte fracasado admite: “Me equivoqué, pero con la ayuda de Dios me levantaré y saldré victorioso de esta situación”. La culpa trae depresión, pero el reconocer que somos responsables de nuestros errores nos dirige a la corrección. Convierte las experiencias negativas en eficaces lecciones para tu vida. Reflexiona en torno a las situaciones difíciles o a los errores cometidos, y esfuérzate en descubrir qué enseñanzas puedes aprender de esa mala experiencia. Integra ese aprendizaje a tu sistema de pensamientos y tendrás un recurso con el que podrás responder positivamente si se te presenta una situación similar en el futuro. Incorporar las lecciones aprendidas a nuestra forma de pensar es lo que se convierte en eso que llamamos experiencia. Eres responsable de tu propia vida, y todo lo que pasa, y como lo resuelves, depende de la actitud mental que asumas; de cuánto hayas aprendido de tus errores pasados y de las acciones que decidas tomar. Dejemos de gastar energías culpando a otros de nuestras desdichas y fracasos, porque así no logramos adelantar ni un paso en nuestro caminar por la vida. Asumamos nuestra responsabilidad, acumulemos experiencia, y enmendemos los errores cometidos
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario