viernes, 6 de diciembre de 2019

LA AMISTAD

Es ésta una cosa muy natural y humana. Nuestro corazón necesidad otro corazón con quien comunicarse, en quien descansar en horas de tribulación, que necesariamente tendremos que pasar en este mundo. No todos los que se dicen amigos merecen el nombre de tales; porque el amigo ha de ser otro yo, leal, sincero, que nos avise de nuestras faltas; que nos anime en nuestras dudas, que no busque su propio interés, que mire por nuestro bien.

La amistad es una relación afectiva que se puede establecer entre dos o más individuos, a la cual están asociados valores como la lealtad, la solidaridad, la incondicionalidad, el amor, la sinceridad, el compromiso, entre otros, y que se cultiva con el trato asiduo y el interés recíproco a lo largo del tiempo.

La amistad puede surgir entre hombres y mujeres, novios, esposos, familiares con cualquier clase de vínculo, personas de distintas edades, religiones, ideologías, culturas, extracción social, etc.

Las relaciones de amistad pueden nacer en los más diversos contextos y situaciones: el lugar donde vivimos, el sitio donde trabajamos, la escuela, la universidad, fiestas, reuniones, el café que frecuentamos, a través de otros amigos, redes sociales, etc.

Las amistades, no obstante, tienen diferentes grados de compenetración. Desde los amigos con quienes sentimos relaciones más lejanas, hasta aquellos con quienes el trato es tan estrecho que los consideramos “mejores amigos”, otorgándole a la amistad un grado de superioridad sobre las otras.

La amistad no solamente surge con quienes tenemos más afinidades en cuanto a gustos e intereses, o con quienes tenemos más parecido, sino que puede aparecer entre personas muy dispares. De hecho, a veces ese es un factor que fortalece la amistad, pues una buena amistad complementa y enriquece a la persona, no solo en el intercambio de ideas, información y sentimientos, sino también en el hecho de compartir los buenos y malos momentos de la vida.

La amistad verdadera ha pasado a convertirse en un tema utópico en este mundo globalizado, de relaciones basadas en la inmediatez y la superficialidad, donde las personas cada vez más son incapaces de poner de lado sus intereses y construir realmente un vínculo de amistad duradero y sólido.

Cuando hay una verdadera amistad, los amigos se reconocen entre sí como “mejores amigos”. El mejor amigo es alguien cuyo nivel de lealtad, atención, cuidado y cariño es superior al habitual en el grueso de las relaciones de amistad. Mayoritariamente, las mujeres tienden a utilizar la expresión de “mejor amiga”, no obstante, ambos sexos tienen sus mejores amigos, que son aquellos con los que se cuenta para toda la vida y que están presentes en todo momento.

Son pocos, muy pocos los buenos amigos y hay que tener mucha prudencia y paciencia para encontrarlos. Hay que saber escoger uno entre mil. Si lo hemos encontrado, hemos hallado un verdadero tesoro. Recordemos que no es amigo, sino traidor, aquél que nos encamina por la senda del mal. No nos fiemos de él. Mantengámonos alertas, pues no podemos olvidar que las máximas del mundo, son la indiferencia, la impiedad, la deslealtad, y el pecado. El mundo tiende a apartarnos de Dios y del camino de nuestra salvación. Busca buenos amigos, que te escuchen, que te edifiquen, que te den consejos buenos, sanos y sabios, que te instruirán y formarán para bien tu carácter, para hacer de ti, un verdadero Hijo(a) de Dios.

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