Hay quienes aseguran que el origen de la pobreza o de
la miseria no siempre está en la ausencia de dinero,
sino dentro de nuestra CABEZA –por más inverosímil que parezca–.
1. Tu mentalidad
¿Te has preguntado por qué siempre hay polvo, mugre y descomposición
donde hay pobreza?
Casi siempre donde hay miseria hay algo roto o manchas y basura.
¿Y por qué será esto?
La mugre no es una manifestación
de la falta de dinero y mucho menos es una consecuencia, sino que es un reflejo
de la mentalidad de quien habita el lugar ocupado por el caos.
Es decir, es una mente sin aseo. Una mente desordenada que necesita
reprogramarse para “limpiarse”, encontrar aquello que le sirve, desechar lo que
no y comenzar a cambiar su entorno.
Descubre si tienes mentalidad de rico o de pobre
2. La mezquindad
¿Por qué será que es común dejar nuestras mejores ropas, accesorios o,
incluso, nuestra mejor vajilla para “ocasiones especiales”? o, ¿por qué será
que a algunas personas les duele gastar en sí mismos?
Mientras los platos, las prendas y los accesorios den cuenta del tiempo,
guardados esperando un “gran día”, la realidad se manifestará como un dueño que
vive esperando un futuro que nunca llegará o que nunca sentirá que habrá
llegado.
3. Los complejos
¿Has notado la “astucia de la pobreza”? Esta astucia y este ingenio relucen cuando existe
una mente a la que le duele gastar en un bien necesario.
El problema tiene mucho de su origen en los bajos sueldos, pero también
es cierto que con una cantidad pequeña de dinero es posible verse decente o
verse miserable –según lo que uno prefiera–.
Un gran ejemplo es una persona que gana muy poco, pero no puede vivir
sin la televisión, así que se endeuda para comprar una pantalla y, cada mes, se
“sacrifica” para pagar un paquete básico de tv por cable.
Quizá esta persona es también alguien que sufre del punto número 1; sin
embargo, por la misma cantidad al mes que gasta en la suscripción, puede
comprar lo necesario para limpiar y ordenar su hogar y así vivir en armonía,
como primer paso.
Como segundo paso, podría destinar ese dinero en unos mejores zapatos y
en un mejor traje –ambos sencillos, pero decentes–, entre otros bienes o
servicios que le permitan competir en el mercado laboral y quizá obtener un
mejor empleo sólo por el plus de la siempre requerida “buena presentación”.
4. La mente “programada”
En un entorno como el descrito, los más pequeños se acostumbran a esos
escenarios faltos de higiene y dignidad; pero también se acostumbran a algo más
peligroso: la mentalidad.
Así, la mugre y la miseria pueden disminuir la autoestima de las
personas, porque al encontrarse constantemente en condición paupérrima, se
programa el cerebro para limitar su capacidad de acción y comenzar a cambiar su
entorno y su día a día.

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